viernes, 2 de marzo de 2012

Faltan muy pocos días para poder ver tu cara.

Una llamada, a las seis de la mañana. Buenos días princesa, despierta dormilona, nos tenemos que ir. ¿Quien eres?. ¿Como que quien soy? el amor de tu vida, ¿recuerdas? vístete, peínate, lávate la cara y maquíllate, en media hora estoy ahí. ¿Que? ¿Pero a donde vamos?. Es una sorpresa, no te impacientes, tú solo prepárate, déjame a mi lo demás. Cuelgas, salgo de la cama, aún no ha amanecido, me visto como puedo, media dormida aún, y justo media hora después apareces en la puerta de casa. Eres preciosa, venga, nos tenemos que ir. ¿Quieres decirme a donde vamos? ¡son las seis y media!. No te voy a decir nada. Me tapas los ojos y me subes al coche, tienes dieciséis años, no puedes tener coche, pero ahora mismo eso no me preocupa, confío en ti, de repente frenas, sigo con los ojos tapados. Bien, hemos llegado. Me ayudas a bajar, huele a sal y a arena, me tropiezo y casi me caigo, pero tus manos me agarran y al final casi nos caemos los dos, te pones detrás de mi. ¿Sabes dónde estamos?. No tengo ni idea. Vale, prepárate. Me quitas esa estúpida venda de los ojos, y ahí está, un precioso amanecer en la playa, el sol casi me ciega, las olas siguen haciendo de las suyas y juegan con la arena, van y vienen, siempre con el mismo espacio entre ola y ola, hace frío y el aire trae consigo el olor a arena, a mar, a sal, me miras. ¿Te gusta?. Ya sabes que si, es perfecto. Y el hecho de estar a tu lado, lo hace más perfecto aún.

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